Todos en el pueblo se quedaron atónitos cuando un hombre de 70 años trajo a casa en su vieja motocicleta a una mujer cuarenta años menor que él y la presentó a todos como su esposa.

Al tercer día, algo extraño comenzó a suceder.

Temprano por la mañana, salía humo de la chimenea de Stepan. El aroma a pan recién hecho flotaba en el aire. La ropa limpia colgaba ordenadamente en el patio.

Era Lena.

No se quedó quieta ni un segundo. Fregó ventanas que no se habían limpiado en años, derribó el viejo cobertizo y vació montones de trastos del almacén.

Pero la mayor sorpresa llegó el quinto día.

Lena salió al patio, miró el techo hundido y dijo:

“No puedes seguir viviendo así. Cuando llueve, no es mejor que estar afuera.”

—Bueno, siempre tuve la intención de arreglarlo… —murmuró Stepan.

—Entonces prepárense —dijo con firmeza—. Empezamos hoy.

Ese mismo día, todo el pueblo presenció algo increíble.

Stepan, que había pasado años encorvado, alegando que no tenía fuerzas, estaba de pie en el tejado. Reemplazó tablas, clavó láminas de metal, refunfuñó por los clavos rebeldes… y se rió.

VER PÁGINA SIGUIENTE

Leave a Comment