— No eres fea. Solo necesitas arreglarte mejor… y casarte conmigo —

—No terminó —corrigió—. Empezó.

Alma lo miró, y por primera vez no vio al hombre del traje, ni al heredero con prisa, ni al extraño desesperado. Vio a alguien que eligió quedarse cuando pudo cumplir el contrato y salir ileso.

—Nuestro acuerdo… —murmuró.

Gael sacó el papel del primer contrato, ese que hablaba de seis meses, de cláusulas frías, de cuartos separados.

—Tiene un error —dijo, señalando una línea—. Nunca menciona qué pasa si dos personas se vuelven de verdad.

Alma soltó una risa que le salió con lágrimas.

—Qué descuido.

Gael la miró como quien pide permiso por primera vez.

—¿Puedo besarte… sin actuar?

Alma no respondió con palabras. Se acercó. Y el beso fue sencillo, pero lleno de todo lo que habían aguantado: miedo, vergüenza, orgullo, esperanza. Se besaron como si con eso afirmaran algo que ninguna cláusula pudo prever.

Meses después, Alma volvió a dar clases, esta vez en una universidad que la recibió con respeto y cuidado. Don Ernesto, que al inicio solo quería “estabilidad” para su nieto, terminó financiando un programa de becas para estudiantes que, como Alma, estuvieron a un paso de rendirse.

Renata, la prima, dejó de sonreír con veneno cuando vio que no podía arrancar la empresa con sospechas. Y Mariela, la exalumna, se convirtió en la primera asistente de investigación de Alma, decidida a no volver a callar por miedo.

Una tarde, en la misma plaza donde Alma había buscado comida, ella caminó con Gael de la mano. No para recordar el dolor, sino para ponerlo en su lugar: atrás.

—¿Crees en el destino? —preguntó Alma.

Gael miró alrededor: los vendedores, las familias, la vida que seguía.

—Creo en las decisiones —dijo—. El destino puede poner una tarjeta en tu mano… pero tú decides si cruzas el portón.

Alma apretó su mano.

—Yo crucé —susurró.

—Y yo también —respondió él.

Y, por primera vez en mucho tiempo, la plaza no le pareció el escenario de su caída, sino el punto exacto donde su vida comenzó a reconstruirse… de verdad.

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